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LAS HERMANAS (Mariana Martínez Liss)

TRES PRIMEROS TEXTOS

 

*

La hermana mayor está seria. Observa, toca como sin querer, roza con los dedos el hule que cubre las mesitas. Mientras toca, mira. No mira a sus compañeritos ni los juguetes, ni a la señorita. Como si la sala estuviera vacía. Y en silencio. Y ella, sola. 

La sala huele a encierro.

Ella mira por la ventana. Hilos de sol avanzando hacia los vidrios. Afuera, un parque con árboles y hamacas y toboganes y sube y baja. Una plaza parece esta escuela nueva. Una multitud que espía y hace señas con las cejas y las bocas estiradas. Ella ve muecas lentas estampadas en rostros sin sonido. Busca con ojos inquietos una cara conocida. Distingue a su papá que le sonríe y le tira un beso mientras camina hacia la sala de al lado.

 

En la sala de al lado, la hermana menor mira los juguetes, los rincones, las esquinas. Mientras algunos nenes lloran y la maestra ofrece upas y galletitas, los de afuera curiosean. Ella se detiene en una pista de tres pisos. No tienen esos juguetes en la casa. Encuentra autitos en una caja de zapatos forrada con papel araña de color verde. Se acerca y toma uno de metal. Se sienta en el suelo y lo coloca en la cima de la pista. Mira extasiada el recorrido una y otra vez hasta que reconoce, entre muchas, la voz de su papá. Se levanta de un salto y corre hacia él. Pero la maestra le gana de mano y le cierra la ventana en la cara.

 

                                       


*

La mayor se hamaca en el parque. Las nenas de su sala le preguntan si está bautizada. Como no sabe qué es eso, no contesta.

—Si no te bautizaron, no tenés nombre —dicen las desconocidas.

Como eso sí sabe, que tiene nombre, contesta: 

—Sí, tengo nombre.

—No tiene nombre, no tiene nombre, si no está bautizada no tiene nombre —canturrean en un coro circular.

Más tarde, ya en su casa tomando la merienda, le cuenta a su mamá.

—Las nenas dicen que no tengo nombre porque no sé qué del bautismo.

—Por supuesto que tenés nombre, nombre y apellido tenés, un nombre hermoso que te elegimos con tu papá y dos apellidos, el de tu papá y el mío —le asegura su mamá.

—¿Qué es el bautismo? —pregunta su hermana menor.

La mamá improvisa una explicación. Ellas entienden algo del bautismo y la iglesia y que algunos sí y otros no. Y que ellas no. No bautismo ni iglesia, pero sí nombre.

                                    

 

*
El papá de la mamá viene todos los días a la capital. Trabaja cerca de la casa de la hija, ve a sus nietas de pasada. Algún fin de semana las lleva a su casa, en provincia, en su Fiat 600 azul. Las hermanas se acomodan en el asiento de atrás y él, con voz estridente, les hace practicar sumas con las patentes de los autos que esperan la luz verde del semáforo. A la mayor le encanta ese juego. Al llegar, la mamá de la mamá las espera con las medialunas que compra para ellas en la estación de tren. Ellas las saborean por anticipado mientras hacen las cuentas en el auto. 

En la casa hay un jardín con limonero y olor a pasto recién cortado y flores de todos los colores que la mamá de la mamá cuida con esmero. Ellas tienen su pieza con camas idénticas. Las paredes blancas casi transparentes, los techos bien altos. En la noche avanzada el piso quema de tan frío.



SOBRE LA AUTORA

Mariana Martínez Liss nació en Buenos Aires en 1969. Es psicoanalista, docente y supervisora clínica. Escribió numerosos trabajos académicos. Asiste al taller de los viernes de Florencia Gattari desde 2021.

Las hermanas es su primera publicación literaria.

 

Elegí cómo leer “LAS HERMANAS”, de MARIANA MARTÍNEZ LISS

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