PANADERA
Pan caliente
Mi casa siempre huele a pan caliente
es una bendición
poder vivir
de lo que hacen estas manos.
Mis manos
que amasan,
estiran,
moldean
y cortan,
panes, medialunas y bizcochitos.
En la canasta de mimbre,
acomodo
con mucho cuidado
mis delicias.
Calentitas,
las cubro con la mantita de plush,
y salgo a ofrecerlas por el barrio.
No tengo un local a la calle.
Pero tengo un horno
y mis manos.
Sacramento
Veo cómo se van inflando
y dorando
las medialunas.
Revuelvo el almíbar
con el que las voy a pintar
de manera generosa.
Se me viene la imagen
de aquella niña
que una vez fui,
con los pies fríos
y la nariz helada
del lado de afuera
del vidrio,
miraba los sacramentos
en la panadería
del centro.
Recuerdo, también,
el regocijo corporal
el día en el que, por fin,
yo también pude comer
uno de esos recién horneado.
Adrede
Para don Oyarzo
son estos dos panes
envueltos en papel manteca.
Catrileo siempre se queda
con todas las medialunas.
Y la bolsa de papel madera,
con los bizcochitos de grasa,
tiene escrito el nombre
de doña Cañumil.
Lo que queda no es que sobra,
lo preparo adrede
para el merendero.
Los niños del barrio
son los hijos que no tuve.
Me gusta entrar y verlos
sonreír.
Ellos saben que el mimbre
y la mantita de plush,
todavía tibios,
traen felicidad
a sus tardes de café con leche.
EBOOK - Los oficios - Sebastián Fonseca
PANADERA
Pan caliente
Mi casa siempre huele a pan caliente
es una bendición
poder vivir
de lo que hacen estas manos.
Mis manos
que amasan,
estiran,
moldean
y cortan,
panes, medialunas y bizcochitos.
En la canasta de mimbre,
acomodo
con mucho cuidado
mis delicias.
Calentitas,
las cubro con la mantita de plush,
y salgo a ofrecerlas por el barrio.
No tengo un local a la calle.
Pero tengo un horno
y mis manos.
Sacramento
Veo cómo se van inflando
y dorando
las medialunas.
Revuelvo el almíbar
con el que las voy a pintar
de manera generosa.
Se me viene la imagen
de aquella niña
que una vez fui,
con los pies fríos
y la nariz helada
del lado de afuera
del vidrio,
miraba los sacramentos
en la panadería
del centro.
Recuerdo, también,
el regocijo corporal
el día en el que, por fin,
yo también pude comer
uno de esos recién horneado.
Adrede
Para don Oyarzo
son estos dos panes
envueltos en papel manteca.
Catrileo siempre se queda
con todas las medialunas.
Y la bolsa de papel madera,
con los bizcochitos de grasa,
tiene escrito el nombre
de doña Cañumil.
Lo que queda no es que sobra,
lo preparo adrede
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Los niños del barrio
son los hijos que no tuve.
Me gusta entrar y verlos
sonreír.
Ellos saben que el mimbre
y la mantita de plush,
todavía tibios,
traen felicidad
a sus tardes de café con leche.
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