(Sólo en librerías)

 

Taller de poesía

A Fabián Casas


Lean a Ponge —dice—. Sus poemas nacieron
de observar un objeto, de frente y de perfil,
de atrás, arriba, abajo, de meterse en la cosa
hasta desconocerla. Pensar y teorizar,
rastrear de dónde vino y su etimología.
El objeto y el nombre se mantienen unidos
aunque uno sea materia y el otro nadie sabe.
En cambio las palabras que llenan una charla
son cáscaras resecas. Objeto y nombre orbitan
en diferentes mundos. Nació en el último año 
del siglo diecinueve.

—Como Borges —dice alguien, enciende el celular,
pone “Ponge” y va abriendo una tras otra, páginas—.
Además ¡miren! Borges tradujo y publicó
dos poemas en Sur.

—Los poemas de Ponge son poemas ensayo
y no pretenden —dice— llegar a conclusiones.

—Pero Borges murió unos dos años antes.

—No dejen de leerlo —nos dice—. Ponge elige
un objeto cualquiera y se diría que piensa,
que busca, que investiga todo sobre ese objeto.
Sin embargo, tal vez… sólo tal vez no piense
cuando escribe, no intente interpretar la cosa
ni hacer la descripción desde un punto de vista
personal. Quizás Ponge se calle y sólo escuche
lo que el objeto tenga
para decirle.

 

 

—Alberto Girri es otro que tienen que leer.
Era pintón, bronceado y escribía poemas
no siempre comprensibles. Muchos lo etiquetaron
de hermético —nos dice—. Miren lo que hizo Girri:
escribió en paralelo dos libros: un poemario
y otro de ensayos donde teoriza sobre cómo
llegó hasta esos poemas. Se pueden leer juntos.
Vivió con dos mujeres. Las dos se suicidaron.
Dijo algo más o menos así: que a la poesía
hay que reconocerla y nunca definirla.
Era un play boy, amante de Aurora nada menos.
Sí, de Aurora Bernárdez. Tenía, al escribir,
un aire de robot. Girri vivió en Retiro.
Solía tomar sol en plaza San Martín.

—Como Borges —dice alguien.

Quizá en otro momento - Anahí Flores

$1.560,00
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Taller de poesía

A Fabián Casas


Lean a Ponge —dice—. Sus poemas nacieron
de observar un objeto, de frente y de perfil,
de atrás, arriba, abajo, de meterse en la cosa
hasta desconocerla. Pensar y teorizar,
rastrear de dónde vino y su etimología.
El objeto y el nombre se mantienen unidos
aunque uno sea materia y el otro nadie sabe.
En cambio las palabras que llenan una charla
son cáscaras resecas. Objeto y nombre orbitan
en diferentes mundos. Nació en el último año 
del siglo diecinueve.

—Como Borges —dice alguien, enciende el celular,
pone “Ponge” y va abriendo una tras otra, páginas—.
Además ¡miren! Borges tradujo y publicó
dos poemas en Sur.

—Los poemas de Ponge son poemas ensayo
y no pretenden —dice— llegar a conclusiones.

—Pero Borges murió unos dos años antes.

—No dejen de leerlo —nos dice—. Ponge elige
un objeto cualquiera y se diría que piensa,
que busca, que investiga todo sobre ese objeto.
Sin embargo, tal vez… sólo tal vez no piense
cuando escribe, no intente interpretar la cosa
ni hacer la descripción desde un punto de vista
personal. Quizás Ponge se calle y sólo escuche
lo que el objeto tenga
para decirle.

 

 

—Alberto Girri es otro que tienen que leer.
Era pintón, bronceado y escribía poemas
no siempre comprensibles. Muchos lo etiquetaron
de hermético —nos dice—. Miren lo que hizo Girri:
escribió en paralelo dos libros: un poemario
y otro de ensayos donde teoriza sobre cómo
llegó hasta esos poemas. Se pueden leer juntos.
Vivió con dos mujeres. Las dos se suicidaron.
Dijo algo más o menos así: que a la poesía
hay que reconocerla y nunca definirla.
Era un play boy, amante de Aurora nada menos.
Sí, de Aurora Bernárdez. Tenía, al escribir,
un aire de robot. Girri vivió en Retiro.
Solía tomar sol en plaza San Martín.

—Como Borges —dice alguien.